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El puente Nelson Mandela de El Prat, un icono de estructura de ingeniería

Ingeniería fecha 07 octubre 2019


La ingeniería hace realidad todo tipo de soluciones prácticas a diferentes problemas. Los puentes han permitido al ser humano salvar obstáculos como ríos o desniveles, conjugando además utilidad y belleza. Tanto que en algunos casos se han convertido en verdaderos iconos de la ciudad en la que se sitúan. Este es el caso del puente Nelson Mandela de El Prat de Llobregat.

 

UN EJEMPLO DE BUEN HACER

 

El puente Nelson Mandela es el último construido para sortear las aguas del Llobregat. Se encuentra a unos escasos metros de la desembocadura del río, en el espacio natural protegido del Delta del Llobregat y sobre una planicie que facilitó su construcción. Este marco condicionó desde el principio el diseño de la infraestructura, la cual debía servir de eje de comunicación entre el aeropuerto de El Prat y el puerto de Barcelona.

 

Ante este reto se planteó un puente de 304 metros de longitud, 29 de ancho y un vano central de 105. Da cabida a cuatro carriles de circulación para vehículos de todo tipo, dos carriles bici y dos aceras para peatones. De ese modo establece un punto de paso óptimo y, sobre todo, con una gran capacidad para el tránsito de personas por diferentes medios y sin sacrificar ni un ápice de la belleza que estas construcciones llegan a poseer.

 

El puente, gracias a su formalismo estructural, se ha convertido en un ícono de la zona que resulta muy singular y difícil de clasificar. Se planteó un esquema de dos arcos inclinados de manera lateral con tablero intermedio y pilas en forma de trípode invertido. El objetivo del diseño era garantizar la máxima resistencia de toda la estructura y que sirviera de punto de referencia en toda la zona. Al fin y al cabo, estaba destinado a soportar un intenso tráfico.

 

LA ZONA ELEGIDA

 

El Nelson Mandela constituye una unión entre dos zonas de la ciudad con una intensa actividad. Por un lado, se hacía muy necesaria la conexión del puerto de la ciudad, Mercabarna, la denominada Zona Franca y diferentes polígonos industriales con el aeropuerto y el resto de la urbe. Por otro lado, la presión urbanística de Barcelona se deja notar con un alto volumen de tráfico.

 

Además, la presencia cercana del espacio natural protegido del Delta del Llobregat, con su gran diversidad de fauna y flora, y el Parque Agrario del Llobregat incrementaron aún más el reto de construir este puente. Y es que no debía entrar en contradicción con estas áreas de vital importancia, en especial con el espacio natural.

 

UN ICONO PARA BARCELONA

 

Las obras empezaron en 2009 y el puente estuvo terminado en el 2015. A lo largo de los años el diseño original tuvo que ser adaptado, y éste fue evolucionando según los retos por lo que atravesaba la construcción. La cercanía del mar obligó al uso de un hormigón que soportara esta circunstancia sin agrietarse. Además, el singular diseño hace que el arco, de tipo bowstring, descargue su peso sobre las pilas a través del tablero del puente.

 

Esto crea una serie de tensiones y flexiones que tuvieron que ser monitorizadas durante la obra. Sin embargo, pese a todas estas problemáticas circunstanciales, el puente no ha sufrido problema alguno en estos años y ha contribuido a favorecer la movilidad de esta concurrida zona de Barcelona.

 

PERO, SOBRE TODO, UNA SOLUCIÓN PRÁCTICA

 

La ingeniería puede lograr obras de gran interés, tanto a nivel artístico arquitectónico como, sobre todo, a nivel científico técnico. La resolución de algunos problemas de cargas, soportes o tensiones puede ser tan compleja y elegante como la del más intrincado problema matemático. En el caso del puente Nelson Mandela de El Prat de Llobregat se ha conseguido unir puerto y aeropuerto, garantizando un tráfico fluido y respetando los espacios naturales de la zona.