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Innovaciones estratégicas vs innovaciones continuas

Lo último fecha 29 octubre 2019


Las innovaciones son un punto clave en el desarrollo estratégico de la empresa. En un mundo tan global y cada vez más desarrollado en todos los aspectos, hay que tratar de mejorar los productos y servicios a un ritmo alto, a fin de satisfacer todas las necesidades del cliente y, en la medida de lo posible, adelantarse a las futuras que puedan surgir. Para ello las innovaciones estratégicas son un aspecto clave.

Para comprender mejor en qué consisten, es conveniente diferenciarlas de las innovaciones continuas. Vamos a detallar convenientemente los puntos destacados de cada una de ellas, así como a recalcar la importancia de ambas en el crecimiento de la empresa.

 

Innovaciones continuas

Conocemos como tal a todas aquellas que se van introduciendo con el fin de perfeccionar los productos, o características concretas de los mismos. Se trata de pequeñas mejoras periódicas encaminadas a hacer más atractivos de cara a nuestros clientes, actuales y potenciales, los bienes que comercializamos.

Para apreciar más claramente con algún ejemplo el concepto, podemos catalogar como una innovación continua a la mejora de la batería de un modelo de smartphone, o de cualquier otra de sus funcionalidades ya existentes.

Estas mejoras se caracterizan por conllevar una inversión reducida y tener un grado de dificultad bajo. Asimismo, el tiempo de implantación también es exiguo, y los beneficios son fácilmente percibidos en el corto plazo.

Es habitual que las empresas de cierta índole tengan un departamento concreto dedicado a este campo. Su fuente de información es directamente el cliente, al expresar su grado de satisfacción sobre el producto. Así, se detectan los aspectos a potenciar.

Uno de los casos más destacados de éxito en esta tarea es el de Toyota. La compañía nipona introdujo en su cadena de producción el Lean Manufacturing, encaminado en origen a reducir los desechos generados. Su evolución ha hecho que, en la actualidad, la firma consiga producir vehículos más económicos, sostenibles y adaptados a las necesidades del mercado presente.

 

Innovaciones estratégicas

Este tipo de innovaciones, también conocidas como discontinuas o disruptivas, destacan por ser más radicales. No buscan mejorar un producto, sino diseñar uno nuevo que sustituya a uno ya existente o satisfaga necesidades aún no cubiertas, irrumpiendo así en un mercado completamente nuevo.

Podemos apreciarlo, por ejemplo, en casos como cuando los ordenadores actuales desterraron a las antiguas máquinas de escribir. También, en su día, lo fue la aparición del ferrocarril.

Estas innovaciones disruptivas (término acuñado en 1997 por Clayton Christensen, profesor de Harvard) son, por lo general, menos eficientes en los mercados que ya existen. Conllevan a su vez un mayor coste no solo desde el punto de vista económico, sino también desde el humano. Y exigen una intervención concreta del departamento de I+D.

Una de las posibles desventajas es que el beneficio tarda en llegar, así como que la fase de elaboración del producto es muy larga. Requiere de una idea concreta y acertada, y de un desarrollo posterior de la misma que pasará por muy diversas etapas. En estas habrá que intentar perfeccionar, en bancos de prueba alejados del mercado, su funcionamiento.

El beneficio que obtengamos puede ser pingüe si la idea, además de ser buena, se plasma con éxito. Para ello debemos conseguir crear un producto difícil de imitar, y tratar de convencer a los consumidores en un nicho de mercado poco explorado. Los sectores más proclives al desarrollo de innovaciones de este tipo son, lógicamente, los relacionados con la tecnología.

En definitiva, innovar ya no es un comportamiento reservado exclusivamente a las grandes compañías, sino que debe ser adoptado también, por las PYMES, pues tanto las innovaciones estratégicas como las continuas son procesos que nos van a ayudar a encauzar el devenir de la empresa.