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Experiencia e innovación, una relación bien avenida

Lo último fecha 25 febrero 2020


Experiencia e innovación no son aspectos excluyentes en el mundo empresarial. Más bien al contrario, son dos aspectos clave en el desarrollo de negocio de las empresas que tienen que confluir para que estas organizaciones puedan huir de la inercia estratégica y alcanzar nuevos hitos.

 

Lo común es pensar que los jóvenes, con su energía e ímpetu, consiguen traer nuevas ideas y frescura en sus discursos cuando se incorporan al mercado laboral. No obstante, despreciar la importancia de la visión de los más experimentados es un craso error.

 

¿Cómo influye la experiencia a la hora de innovar?

 

La innovación es uno de los aspectos más importantes que ninguna empresa debe menospreciar. Es una manera de hacer evolucionar a la empresa en base a las innovaciones internas y externas del mercado, pues ya no se habla tanto de I+D+i aunque sí de I+Mk.

 

Gracias a un proceso de este tipo se crean nuevas líneas de productos o campañas de marketing que rompen con el paradigma establecido. Sin embargo, los requisitos para innovar no son tan estrictos como se suele pensar. Hay quien cree que solo el talento más joven puede traer nuevas ideas, ya que ellos conocen mejor el presente que aquellos profesionales más experimentados.

 

Creer que este razonamiento, que la juventud por sí sola es capaz de innovar sin más, es erróneo en la empresa. La experiencia que ofrece un trabajador senior y sus puntos de vista basados en lo que ha vivido son de gran utilidad. Al desarrollar su carrera laboral, las personas van descubriendo qué es posible y qué no, dónde están los límites y adquieren una metodología de trabajo que una persona sin experiencia no puede poseer, pero sí aprender.

 

Este es el quid de la cuestión que suele obviarse. De nada sirve un joven talentoso, con ímpetu y un torrente creativo desmesurado si no se templa. Es decir, para conseguir que la innovación sea rentable y realista hay que aunar tanto la experiencia como la creatividad de los más jóvenes.

 

La combinación de ambos es el verdadero motor innovador. Los más inexpertos aportan nuevas maneras de hacer las cosas, una visión moderna y unos conocimientos teóricos que aún están recientes. En resumen, son personas más abiertas al cambio, pero hay que enfocar toda esa energía a un fin práctico. Aquí es donde entran los trabajadores experimentados con su capacidad de intuición y sus conocimientos de la realidad práctica.

 

¿Es la experiencia uno de los requisitos para innovar?

 

La experiencia sirve como una guía para el desarrollo de nuevos proyectos. Esta se manifiesta en diferentes aspectos. Por una parte, establecer un sistema de “mentoring”, en el cual los nuevos talentos estén acompañados por un empleado senior, es una manera de enseñarles cómo funciona la empresa y de orientar el desarrollo de sus ideas. También contribuye, en el caso de los más tímidos, a mejorar sus capacidades de comunicación.

 

Además, hay que apostar por la flexibilidad de estas relaciones. No se trata de imponer las formas de trabajo y la visión del mentor, sino de establecer una guía para encauzar el potencial del más joven sin truncarlo. Así, se puede establecer un feedback entre ambos profesionales para generar nuevas ideas al grupo. La diversidad es clave en la innovación, al igual que lo es realizar una criba para seleccionar lo que más se adapta a los objetivos marcados.

 

Hay que entender que los más experimentados no tienen todas las respuestas y que, con el tiempo, se pueden dar vicios en su manera de pensar. Por ejemplo, quizás conozcan tan bien el sector y su funcionamiento que sean incapaces de abstraerse del mismo, algo que un novato sí puede hacer para reconocer los fallos. Así, en caso de haber un error, este puede corregirse gracias a la unión de la experiencia y la juventud.

 

En definitiva, la experiencia e innovación deben ir de la mano. Con los años las personas adquieren un conocimiento de gran valor, que debe servir de guía para las nuevas generaciones