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La gamificación como clave de la productividad en las empresas.

Lo último fecha 05 enero 2021


La gamificación es una herramienta que cada vez resulta más popular. Con ella se persiguen diferentes objetivos en las empresas. Uno de ellos es aumentar la productividad, algo crucial para que una compañía se mantenga a flote. Sin embargo, ¿es realmente tan efectiva? Vamos a analizar su impacto.

 

 

Productividad y juegos

 

Este concepto se basa en aplicar al entorno de trabajo técnicas y dinámicas propias de los juegos. Los objetivos que persigue son múltiples: potenciar el aprendizaje de empleados o alumnos, incitar a hacer más ejercicio en el día a día, reforzar conductas positivas, ayudar a gestionar la frustración o aumentar la productividad son solo algunos de ellos.

 

Hay que elegir con cuidado el juego, las mecánicas que contiene y las recompensas que ofrece para lograr unos buenos resultados. Además, es indispensable que sea divertido o consiga plantear un reto al jugador. La creación de rankings, en los que se muestra el desempeño de los trabajadores en el juego, alienta a la competición. Esto, por sí solo, ya estará contribuyendo a la mejora de la productividad.

 

También consigue mantener la motivación alta, ya que los empleados siempre tendrán un reto que superar. Sin embargo, hay que aplicar esta herramienta de forma adecuada o no surtirá mayores efectos. Las recompensas deberán estar ligadas al objetivo del juego, y habrán de ser entregadas al superarlo, y no por participar. Revisar el rendimiento es otra forma de ver si se está progresando hacia una mejora de la productividad.

 

Una buena aplicación de este concepto logra que los trabajadores vayan mejorando poco a poco, casi sin darse cuenta. Esto mejora si el juego es divertido, atractivo y no se obliga a participar en él. De este modo habrá trabajadores capaces de mantener una motivación y productividad altas sin recurrir a herramientas externas. Y, así, los resultados de un simple juego afectarán positivamente al desempeño de toda la empresa.

 

 

¿Cómo aplicar la gamificación?

 

El primer paso en su implementación consiste en definir el objetivo que se persigue. En este caso, se busca mejorar la productividad. Las bases y objetivos del juego serán conocidos por todos, y se creará un sistema de recompensas en función de los avances que realice el empleado.

 

Las recompensas refuerzan la intención de superar el objetivo. Por descontado, el juego no se debe plantear como si fuera parte del trabajo. Así solo se conseguiría causar rechazo entre los empleados, quienes podrían verlo como una extensión de su jornada laboral o como algo aburrido.

 

Un esquema de puntos resulta de bastante utilidad: muestra de forma clara el progreso de los diferentes participantes y fomenta una competitividad sana. Acumularlos podría llevar a alcanzar diferentes posiciones o status en un ranking y otorgar recompensas para incentivar a seguir escalando.

 

Las misiones y los retos conforman una mecánica interesante, muy utilizada en el mundo de los videojuegos y perfectamente aplicable aquí. Se trata de acciones o actividades específicas que hay que cumplir para obtener una recompensa. Ayudan a mantener un nivel de desafío constante, pero se puede caer con facilidad en la repetición. Por esto es indispensable diseñar un buen sistema de misiones, cuya dificultad sea gradual y que resulte atractivo.

 

Por último, el manejo de recursos en el juego permite desarrollar habilidades de gestión, previsión y productividad. De su correcta aplicación puede llegar a depender la superación de una misión, lo que incentivará a la buena gestión de los mismos.

 

La gamificación es, en suma, una herramienta empresarial con una infinidad de usos, pero que hay que implementar de forma adecuada. Incluida de la manera correcta puede aumentar la motivación, la productividad y otras facetas que el negocio precise reforzar... Pero, de otro modo, puede resultar un elemento vacío e inútil que no aporte nada.