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La implantación de la metodología OKR.

Lo último fecha 12 enero 2021


La metodología OKR ofrece importantes beneficios para las empresas. Implementarla es todo un acierto, aunque primero hay que conocer en profundidad en qué consiste y cuáles son sus principales características. Sin embargo, una vez se ponga en marcha, los resultados serán muy apreciables. A continuación, se repasan las particularidades de este sistema de trabajo.

 

 

¿Qué es la metodología OKR?

 

OKR son las siglas de «objectives, key results» («objetivos, resultados clave»). Se trata de un método dirigido a simplificar la forma en la que se alcanzan las metas que se plantean las empresas. Organiza el trabajo en función de unos objetivos concretos y de los resultados a conseguir. Además, se lleva a cabo un seguimiento del progreso de los empleados durante su cumplimiento.

 

Gracias a esta metodología, la plantilla sigue un mismo rumbo y todo el trabajo se alinea en la misma dirección. Se mide la productividad individual, la de cada equipo y la de la empresa en general. La estructura de los planes para alcanzar los objetivos es sencilla, pero su puesta en práctica llega a constituir todo un reto.

 

En este sentido, habrá que alinear las metas de la empresa, las de los empleados y las de los equipos; esta labor puede resultar complicada, pero los beneficios que ofrece merecen la pena. La implementación empieza por marcar los objetivos en función de las necesidades y el estado actual del negocio. Cada uno tendrá una serie de resultados clave, los cuales permiten cuantificar si se está avanzando o no.

 

El último paso consiste en crear una puntuación con la que medir el avance. Esta se revisará cada tres meses —o menos—, y también pasado un año para comprobar su evolución. Asimismo, se reflejará la calidad con la que se ha culminado cada tarea. Los empleados serán los encargados de puntuar su participación, en una escala del cero al uno.

 

 

Las ventajas del OKR

 

Los beneficios de la metodología OKR son variados. En primer lugar, contribuye a potenciar el compromiso de los empleados; estos participan de forma activa en el desarrollo de los objetivos, lo que les motiva a que se cumplan. Al fin y al cabo, su consecución depende directamente de su actividad. Así darán lo mejor de sí mismos y lograrán los mejores resultados posibles.

 

Por otra parte, al establecer una puntuación para valorar los resultados, se da voz a los trabajadores y se abre la puerta para que sean críticos con su propia labor. Esto les llevará a mejorar de forma continua su desempeño, algo que tendrá una gran repercusión en la productividad.

 

También se mejora la comunicación en la organización. Es indispensable que cada parte implicada —directivos, trabajadores, líderes de equipo, etcétera— estén al tanto del papel que juegan en la consecución de las metas. Esto, a su vez, allanará el camino y aumentará la confianza entre los diferentes participantes.

 

Los riesgos de sufrir una crisis dentro de la empresa disminuyen: al mantener una revisión continua de los objetivos, es posible conocer con antelación dónde se está fallando. De esta forma, se podrán adoptar las medidas adecuadas para corregir el desvío antes de que cause daños mayores.

 

Por último, los resultados clave arrojan luz sobre posibles fallos en el sistema. Por ejemplo, de no cumplirse reiteradamente, es posible que se esté ante un error de diseño o que el objetivo sea imposible de conseguir con los medios actuales.

 

En suma, la metodología OKR contribuye a que las empresas trabajen de forma más eficiente. El establecimiento de objetivos se potencia, algo que necesitan las organizaciones para saber hacia dónde se dirigen. Asimismo, se hace partícipe a todas las personas involucradas; una de las grandes ventajas de la OKR que conviene tener en cuenta.